Soy Nacho Maquinay, psicólogo en Gijón, y en mi consulta veo muchos casos como este: personas que necesitan estar hiperconectadas a la red en todo momento porque tienen miedo de perderse algo. Es el FOMO: Fear of Missing Out.
¿Qué es el FOMO y cómo se manifiesta?
El FOMO es el temor generalizado de que otros podrían estar teniendo experiencias gratificantes de las cuales uno está ausente. Es una ansiedad social caracterizada por el deseo de estar continuamente conectado con lo que otros están haciendo.
Se manifiesta como:
- Una necesidad compulsiva de revisar las redes sociales.
- Incapacidad para disfrutar del presente por pensar en lo que ocurre en otro lugar.
- Sensación de insuficiencia al comparar la vida propia con el “escaparate” digital de los demás.
El síntoma de la hiperconectividad en la sociedad actual
El flujo constante de información al que nos vemos sometidos nos hace creer que debemos saberlo todo. Es un problema que afecta a la salud mental, especialmente en ciudades como Gijón, donde hay mucha vida social, oferta cultural y oportunidades de ocio de todo tipo. Estas se trasladan a las redes sociales mediante imágenes, mayormente de disfrute y diversión, generando en quien las observa la sensación de que “los demás disfrutan más de la vida”, “no estoy haciendo lo suficiente por aprovechar el tiempo” o “debería estar en otro sitio”.
¿Cómo saber si sufres de FOMO?
Puedes chequear las señales de que estás sufriendo FOMO comprobando cómo te sientes cuando:
- Sientes ansiedad si te olvidas el móvil en casa.
- Priorizas mirar la pantalla antes que a la persona que tienes delante en una terraza, mientras tomas una sidra en la Cuesta del Cholo o miras a la Playa de San Lorenzo.
- Sientes una “necesidad” de publicar lo que haces para validar que tu vida es interesante.
El impacto en la salud mental
Esta “red” de constante hiperconectividad, tejida especialmente para adaptarse a tus necesidades, provoca lo que se llama ansiedad reactiva. Esta incluye nerviosismo, irritabilidad, dificultad para concentrarse, palpitaciones y rumiaciones. Se activa ante un estímulo externo determinado: “Veo a mis amigos cenando en Cimadevilla sin mí y eso dispara mi angustia inmediata”.
También afecta al descanso provocando insomnio mediante el scrolling nocturno. Entramos en las redes para “desconectarnos” de la realidad durante un par de minutos y, cuando nos damos cuenta de que toca reconectarse, ha pasado mucho más tiempo del esperado; nos sentimos agitados y nerviosos. Esto, unido a la luz azul que transmiten las pantallas, dificulta conciliar el sueño.
Aunque no parezca haber una relación directa, también provoca baja autoestima. Es como un “martillo” que golpea constantemente la percepción que tenemos de nosotros mismos mediante el agravio comparativo: siempre que te comparas con otra persona, uno de los dos va a “perder”. Dado que en las redes sociales la mayoría de la gente solo cuelga sus buenos momentos, tú —que vives tu vida y ves tus propias «miserias», pero desconoces las del otro— vas a ser quien pierda en esa comparación. Esto te hace sentir que no eres válido, que no disfrutas o que no consigues lo mismo que el resto, volviendo al malestar que genera la meritocracia.
La necesidad de validación externa
Si no publico algo interesante, si no me ve o no me da “me gusta” la suficiente gente, “no existo”. Esto desplaza el locus de control de tu propiocepción hacia afuera; tu autoestima ya no depende de lo que tú piensas de ti, sino de cuánta atención recibes o de cuánto crees que te están excluyendo.
Se dispara la señal de alerta ancestral: el miedo al rechazo social. Antiguamente, ser excluido de la tribu significaba un peligro real. Hoy, ver una foto de una quedada de amigos en la Ruta de los Vinos a la que no has ido, activa la misma área del cerebro que el dolor físico.
Estrategias para combatir el FOMO: del FOMO al JOMO
Como contraposición al miedo a perderse algo surge el JOMO (Joy of Missing Out), que es el placer de perderse cosas y elegir conscientemente en qué invertir tu tiempo y energía. Decir “no” a un plan para dedicarte tiempo leyendo en un banco en el Parque de Isabel la Católica o paseando por la senda fluvial del Piles no es perderse algo: es ganar tiempo para uno mismo.
Otras herramientas que trabajaríamos en mi consulta de psicólogo en Gijón serían:
- El ayuno digital programado: aprender a poner límites al uso del móvil.
- La práctica de mindfulness: que nos ayuda a controlar la ansiedad de revisar el dispositivo.
- Horario de conexión: visitar las redes solo en momentos determinados del día.
- Conexiones reales: priorizar la intimidad social presencial.
Para terminar, recuerda que: “A veces, el mejor trending topic del día es tu propia tranquilidad mientras el mundo sigue girando sin que tú lo veas por la pantalla”.
Soy Nacho Maquinay, psicólogo en Gijón. ¿Me dejas ayudarte?