La soledad como sentimiento de diferencia con respecto a tu entorno
La soledad es una de las situaciones que más trato en mi consulta de psicología en Gijón. Con frecuencia, mis pacientes me describen escenarios como este:
¿Estás en una etapa de la vida en la que sientes que no encajas con tu entorno? ¿Eres el primero de tus amigos que se ha divorciado, o quizás el único que no tiene pareja ni hijos? Es normal sentirse desubicado cuando vives una realidad que el resto de tu círculo no comparte. Te sientes, simplemente, fuera de lugar.
En teoría, la familia debería ser tu principal apoyo; sin embargo, no siempre se puede contar con ella. Seamos realistas: muchas veces los familiares son parte del problema o, sin quererlo, lo agravan.
Por otro lado, los amigos no siempre entienden tu situación ni muestran la empatía suficiente para hacerte sentir acompañado. Muchas veces estás con ellos, pero notas que vais a ritmos distintos: ellos se lo están pasando bien, mientras que tú solo piensas en marcharte. Estar rodeado de gente se vuelve cuesta arriba, pero la alternativa de quedarte solo en casa sin nada que hacer resulta aún más frustrante. Al final, aguantas un poco más por compromiso, pero terminas regresando a casa con un malestar enorme y la frustración de no saber qué te pasa. Intentas transmitírselo, pero no lo comprenden.
Cuando expresas tu malestar, la sensación de vacío aumenta
Al intentar explicar cómo te sientes, es común recibir frases lapidarias que solo aumentan la incomprensión:
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“No sé de qué te quejas con lo bien que te va”.
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“Ojalá yo tuviera la suerte que tú tienes”.
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“Me cambiaría por ti sin dudarlo”.
Estas palabras, lejos de ayudar, te hunden más en el aislamiento y te hacen sentir culpable por no ser capaz de ver las cosas de otra manera. Tu entorno no acaba de entender que no es una cuestión de lo que tienes en la vida, sino de un vacío profundo que no se llena con la presencia de los demás. Al notar que no encajas, la herida se hace más grande.
La falta de comprensión y el aislamiento físico
Puedes estar rodeado de tus seres queridos y, aun así, sentirte completamente solo. No puedes hablar con ellos porque no validan tus emociones; da la impresión de que prefieren «mirar para otro lado».
Como consecuencia, empiezas a buscar la soledad voluntaria para no verte obligado a forzar una sonrisa social. De este modo, la soledad emocional acaba convirtiéndose también en una soledad física, y cada día se vuelve un poco más duro y más gris.
Cómo afecta la soledad en la sociedad actual
En la era vital en la que nos encontramos, donde estamos hiperconectados a las redes sociales y más pendientes de la vida ajena que de la nuestra (el famoso fenómeno FOMO), resulta irónico que sea cuando más desconectados nos sentimos.
Ver a los demás disfrutando constantemente, sin un solo atisbo del sufrimiento que tú experimentas, te hace pensar que el problema eres tú. Sin embargo, la realidad es que en las redes se venden vidas perfectas que no existen: son solo un escaparate de buenos momentos diseñados para aparentar. Se mantiene una falacia de bienestar que solo provoca sufrimiento a quien la consume. No te fíes de lo que ves y céntrate en tu propio camino.
3 Consejos prácticos de un psicólogo para gestionar la soledad
Si estás pasando por una situación similar, te propongo tres pautas para empezar a romper este círculo vicioso:
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Identifica qué echas en falta realmente: Es muy probable que estés atravesando una etapa de cambios vitales y que tu mente necesite tiempo para asimilar la nueva realidad.
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No cargues con todo tú solo: Llevar un peso emocional en silencio puede terminar desbordándote, haciendo que salir del bache sea mucho más difícil. Hazte consciente de tu situación y, si lo necesitas, exteriorízalo.
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Reconecta con los pequeños placeres cotidianos: Sal a caminar por Gijón, tómate un café o siéntate en una terraza a observar el movimiento de la vida real (la de verdad, no la de las pantallas).
Si sientes que la situación te supera y buscas un espacio seguro, sin juicios y con herramientas profesionales, puedo acompañarte. Soy Nacho Maquinay, psicólogo en Gijón, ¿me dejas ayudarte?