Abrir una aplicación como Tinder, Bumble o Grindr puede ser emocionante, pero también puede convertirse en una experiencia profundamente desgastante. Es muy probable que las hayas instalado y borrado varias veces al comprobar que, a menudo, parece que «al final todo el mundo va a lo mismo». En la era del deslizamiento infinito hacia la izquierda o la derecha, los vínculos corren el riesgo de transformarse en una forma más de consumo. Nos movemos por las pantallas como quien busca un producto en una tienda online y olvidamos que detrás de cada fotografía hay un ser humano con expectativas, ilusiones y miedos, intentando conectar con la persona adecuada.
Aquí es donde entra en juego un concepto del que se habla mucho pero se practica poco: la responsabilidad afectiva. Esto no significa prometer amor eterno a alguien que acabas de conocer en una terraza de Cimadevilla; significa ser honesto, empático y claro con las personas con las que te vinculas, dure esa relación una noche o diez años. Lo que tienes enfrente es una persona, no un catálogo de píxeles.
1. El «Efecto Catálogo» y el FOMO del amor
El mayor enemigo de la responsabilidad afectiva en las aplicaciones de citas es el FOMO (Fear of Missing Out) o el miedo a perderse algo mejor. Al tener acceso a cientos de perfiles en Gijón, nuestro cerebro cae en la trampa de la sobreabundancia.
Este «síndrome del escaparate infinito» genera una insatisfacción crónica. Como siempre existe la posibilidad de que aparezca un nuevo like, cuesta comprometerse a conocer de verdad a quien ya tenemos delante. Ante la mínima imperfección, en lugar de comunicar lo que nos pasa, preferimos volver a la aplicación para comprobar si el siguiente intento es el «perfecto». Es la gran paradoja de nuestro tiempo: tenemos más herramientas que nunca para conectar, pero nos sentimos más solos que nunca.
2. Las heridas digitales más comunes: Ghosting y Benching
La falta de responsabilidad afectiva en las plataformas digitales ha normalizado conductas que generan muchísima ansiedad y dañan directamente la autoestima:
- Ghosting (Desaparecer como un fantasma): Estás hablando con alguien durante semanas, incluso habéis quedado para pasear por la playa de Poniente y, de repente, esa persona deja de contestar y desaparece sin dar ninguna explicación. El vacío de información hace que quien lo sufre se culpe y se obsesione buscando qué hizo mal.
- Benching (Mantener en el banquillo): Te escriben lo justo para mantener tu interés, pero nunca concretan una cita. Te tienen como «plan B» o reserva por si sus otras opciones fallan, alimentando tu esperanza a cuentagotas para no perderte del todo.
3. Guía básica de responsabilidad afectiva digital
Practicar la responsabilidad afectiva en el entorno virtual es un acto de salud mental para ti y para los demás. Empieza por estos tres pilares:
- Claridad desde el principio: No tienes la obligación de buscar una relación seria si no te apetece, pero es fundamental que lo digas. Si solo buscas algo casual, exprésalo claramente. La honestidad evita expectativas asimétricas. Elige no poner en tu perfil que buscas un compromiso a largo plazo si lo que realmente deseas en este momento es algo temporal.
- Cierra los ciclos con madurez: Si has quedado con alguien y te has dado cuenta de que no hay química, no recurras al ghosting. Un mensaje corto y respetuoso es suficiente: «Me lo pasé muy bien el otro día, pero no he sentido la conexión que busco para seguir quedando. Te deseo lo mejor». Duele leerlo un minuto, pero le ahorra días de incertidumbre a la otra persona. Ten en cuenta que cada vez que dejas de tratar al otro como a un ser humano, el daño es bidireccional: tú mismo empiezas a perder la esperanza en las relaciones duraderas y terminas envenenando tu propio futuro.
- Valida las emociones ajenas: Si la otra persona te expresa que se ha sentido herida o confundida por algo que has hecho, escúchala. Tener responsabilidad afectiva no implica hacerte cargo de la felicidad del otro, pero sí asumir el impacto que tus acciones provocan en él. Soportar ese pequeño malestar te ayudará a madurar emocionalmente y a crecer a través de la empatía.
Como solemos trabajar en las sesiones de Psicología Maquinay, el entorno digital puede ser frío, pero tú decides cómo transitarlo. No dejes que la falta de humanidad de las dinámicas digitales se traslade a tus relaciones personales. Cuidar la forma en que tratas a los demás en las aplicaciones es el primer paso para construir relaciones más sanas, estables y reales en tu propia vida.
Soy Nacho Maquinay, psicólogo en Gijón. ¿Me dejas ayudarte?