El Sentimiento de Abandono y la Herida Emocional en Adultos
Soy Nacho Maquinay y, en mi consulta de psicología en Gijón, veo con frecuencia casos marcados por esta dolorosa realidad: personas que se mantienen aisladas y evitan desarrollar un entorno social estable. Prefieren convivir con la soledad antes que arriesgarse a establecer una relación de confianza, todo por un profundo miedo al abandono.
Al indagar en su historia personal, suelen aparecer dinámicas familiares complejas: padres con problemas de adicciones o depresión, o progenitores tan absorbidos por sus dinámicas laborales y preocupaciones personales que no pudieron atender debidamente a sus hijos.
Es fundamental comprender que este tipo de abandono no siempre es físico; de hecho, en la mayoría de las ocasiones es emocional. Cuando esos niños vivieron situaciones difíciles y no tuvieron a una figura de referencia que cubriera sus necesidades afectivas —alguien que les dijera: “Ven, llora, yo estoy aquí contigo”—, la vulnerabilidad se enquistó profundamente.
¿Qué es la herida de abandono?
Esa sensación de desamparo, de soledad y de no poder contar con el apoyo de quienes se supone que deben cuidar de ti, se acaba transformando en lo que en psicología llamamos la herida de abandono.
Esta vivencia moldea a adultos que, por un lado, buscan desesperadamente sentirse queridos y, por el otro, evitan comprometerse a fondo. Intentan, por todos los medios, levantar muros para protegerse y evitar que alguien les vuelva a fallar.
En consulta, estas personas suelen identificarse con pensamientos muy claros:
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“Siento que siempre me dejan de lado y que no le importo lo suficiente a nadie”.
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“Me cuesta muchísimo confiar en las personas y abrirme con ellas”.
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“Prefiero irme yo antes de que me dejen a mí”.
Sanar sin buscar culpables
En el proceso terapéutico, el objetivo nunca es buscar culpables. Desde la empatía, es necesario entender que aquellos padres que no fueron lo suficientemente cuidadosos o afectivos muchas veces también fueron víctimas de sus propias historias. Evitar la culpa y el rencor crónico es indispensable para curarse. Solo al dejar ir el reproche del pasado podemos hacernos responsables de nuestro propio bienestar en el presente.
4 Claves psicológicas para superar el miedo al abandono
Para comenzar el camino del autocuidado y sanar esta herida afectiva, es fundamental trabajar en cuatro pilares esenciales:
1. Mejorar el diálogo interno
La persona con herida de abandono suele ser su juez más duro. Aprender a hablarse con amabilidad, sustituyendo la autocrítica por la comprensión, es el primer paso para cambiar cómo te relacionas contigo mismo.
2. Fortalecer la autoestima y el autoconcepto
Sanar implica descubrir que tu valor como persona no depende de que alguien se quede o se marche de tu vida. Aprender a validar tus propios logros y cualidades reduce la dependencia emocional hacia los demás.
3. Hacerse consciente del daño y reconocer las emociones
Para trabajar el sentimiento de abandono, hay que identificar en qué momentos del día a día estás perpetuando la herida (por ejemplo, cuando te reprimes, te reñes o te aíslas por miedo). Aceptar las emociones que te produce la soledad, en lugar de huir de ellas, te ayuda a procesarlas.
4. Aprender a vincularse desde la seguridad
El objetivo final es aprender a relacionarte con los demás sin que el temor a la pérdida dirija tus acciones. Esto se logra exponiéndose de forma gradual a la intimidad emocional y estableciendo límites sanos.
El proceso de terapia en Gijón
Al explorar el origen de tu inseguridad y comprender por qué reaccionas de determinada manera con la gente, empiezas a conocerte mejor. Como consecuencia lógica de este proceso, aprendes a quererte y a cuidarte más. Es un camino profundo y a veces exigente, pero el resultado de recuperar tu libertad emocional es precioso.
Todas estas estrategias y herramientas metodológicas son las que trabajaremos de forma personalizada en las sesiones. Si sientes que este miedo te frena y quieres empezar a entenderte y a cuidarte, te animo a dar el paso.
Soy Nacho Maquinay, psicólogo en Gijón, ¿me dejas ayudarte?