En Asturias sabemos bien que el orbayu, o todas las variantes de lluvia que nos acompañan, tienen su encanto y que gracias a ellos disfrutamos de nuestros paisajes verdes tan característicos y que tanto amamos. Es increíble cuando, después de un día de lluvia, sale el sol y todo brilla con un verde intenso.
Sin embargo, es mucho más frecuente de lo que nos gustaría pasar semanas consecutivas bajo un cielo gris. Ya sea en verano o en invierno, en épocas en las que deberíamos poder salir a pasear o disfrutar de la playa, nos tenemos que quedar encerrados en casa, tapados con una manta y sintiendo cómo nos invade la soledad. Y es esta falta prolongada de luz solar la que puede empezar a pasarle factura a nuestro estado de ánimo.
En el resto de España agradecen venir «al fresco», pero a nosotros ese fresco nos cansa. Necesitamos días de sol, no solo unas horas en días alternos; necesitamos poder salir a la calle y escapar de esa cúpula grisácea que nos impide disfrutar de ese exterior tan verde y precioso que nos rodea.
Asturias es diferente del resto de España
Tenemos muy interiorizado que es normal ir a la playa de San Lorenzo con cazadora y que, según va cayendo la tarde, nos tapemos con la toalla para no coger frío. Es una realidad que los foriatos no acaban de comprender. Estar a 50 grados en verano es claramente un exceso, pero tampoco es un tema baladí que Asturias sea una de las regiones con mayor índice de suicidios; el clima y la falta de luz pesan. Por eso, siempre hemos oído a gente de Asturias que tiene casa en León y que va a pasar temporadas allí a «secar».
Uno de los sitios más instagrameables ahora mismo en Gijón es la Cuesta del Cholo, y la razón es porque está protegida del viento y es de los pocos lugares en la ciudad donde, a última hora de la tarde, el sol se cuela durante unos momentos entre las nubes y el horizonte. Por un instante, sentimos ese calor que tanto ansiamos.
Si tras varias semanas sin ver el sol notas que tu energía cae en picado, no estás solo: es una situación mucho más compartida de lo que piensas. El Trastorno Afectivo Estacional (TAE) es una realidad muy frecuente en climas húmedos y nublados como el nuestro, y no entiende de estaciones. Lejos de ser pereza o una simple «fobia a la lluvia», se trata de una respuesta puramente biológica de nuestro cuerpo. Se transforma en la necesidad de tener más de un día de sol a la semana; de poder salir a un prao a sentarte en un banco o disfrutar con tus amigos en una terraza del Lavaderu sin tener que llevar ropa de invierno o paraguas.
1. No es pereza, es biología: tu cerebro necesita sol
El Trastorno Afectivo Estacional se manifiesta principalmente a través de un cansancio que no se quita durmiendo, una tristeza persistente, apatía, falta de ganas de salir de casa y un aumento muy característico del antojo de dulces o carbohidratos.
¿Por qué ocurre esto? La explicación está en la química de nuestro cerebro:
- Falta de Serotonina: La luz solar estimula la producción de este neurotransmisor, encargado de regular nuestro estado de ánimo. A menos luz, los niveles de serotonina bajan, abriendo la puerta a la melancolía.
- Exceso de Melatonina: Con los días oscuros, el cuerpo produce más melatonina de la cuenta (la hormona que nos induce al sueño). Por eso te sientes en un estado de «hibernación» constante.
Validar que nuestro entorno físico influye directamente en nuestra salud interior es el primer paso para dejar de culparnos por sentirnos cansados.
2. Consejos prácticos para combatir el «efecto orbayu»
Aunque no podemos cambiar el clima de Gijón, sí podemos cambiar cómo reacciona nuestro cuerpo ante él. Aquí te doy tres herramientas clave que suelo recomendar en mi consulta de psicología en la Calle la Merced:
- «Baños de luz» intencionales: Aprovecha cualquier momento en que rompa el día o aclare para salir a caminar, aunque sean 20 minutos por el Muro de San Lorenzo o por el Cerro de Santa Catalina. Incluso en días nublados, la luz exterior es mucho más potente para tu cerebro que la luz artificial de casa o la oficina.
- Mantén la actividad social (aunque llueva): El mal tiempo invita a encerrarse, pero el aislamiento prolongado retroalimenta la apatía. Quedar para tomar un café por Cimadevilla o charlar con amigos es una de las formas más rápidas de activar la producción de endorfinas.
- Revisa tus niveles de Vitamina D: En el norte, el déficit de esta vitamina es muy común debido a la falta de exposición solar. Consulta con tu médico si necesitas una suplementación, ya que los niveles bajos de Vitamina D están íntimamente ligados al cansancio crónico y al bajo estado de ánimo.
Es importante que puedas compartir esa sensación de desánimo y apatía. Gestionar los pensamientos que te invaden en momentos así te puede preparar para disfrutar cuando llegue el buen tiempo.
Soy Nacho Maquinay, psicólogo en Gijón. ¿Me dejas ayudarte?