Guía de un Psicólogo en Gijón
Es una situación demasiado común hoy en día: para aumentar los beneficios en la cuenta de resultados, muchas empresas «machacan» a sus empleados, despersonalizándolos por completo hasta transformarlos en ratios, resultados y porcentajes. Básicamente, en números.
Para lograr estos objetivos, las estructuras organizativas se vuelven hostiles y rígidas, buscando la maximización de resultados a costa de la salud del trabajador. ¿Qué ocurre cuando el empleado no puede rendir más? Es ahí cuando comienza el acoso, la desvalorización e incluso la humillación.
El trabajador acaba psicológicamente agotado, viéndose forzado, primero, a solicitar la baja y, posteriormente, a abandonar la empresa.
La herida invisible: El trauma no termina al irse
El trauma no finaliza con la relación laboral. Aunque se consiga un nuevo empleo en un entorno con mejor ambiente y condiciones, el «manto» de la experiencia anterior nos hace dudar de nuestra valía. Es muy frecuente estar especialmente sensible y reaccionar, por ejemplo llorando, ante cualquier pequeño imprevisto.
Se produce lo que llamamos «Resaca Traumática», que se caracteriza por:
- Agotamiento extremo (Fatiga): Sensación de vacío físico; se necesita mucho más descanso de lo normal.
- Niebla mental (Brain Fog): Dificultad para concentrarse, olvidos frecuentes o sensación de estar «desconectado».
- Inseguridad crónica: Miedo constante al despido o desconfianza en la propia capacidad. Aparece una búsqueda de aprobación constante en la nueva empresa.
- Ansiedad y rumiación: Pensamientos intrusivos y repetitivos sobre el antiguo jefe o los compañeros.
- Reacciones físicas: Cefaleas, tensión muscular, problemas gastrointestinales, insomnio o pesadillas.
- Aislamiento y baja autoestima: Tendencia a retraerse y cuestionar el propio valor: «Si me han echado/maltratado, es porque no valgo».
¿Por qué me siento tan inseguro si ahora estoy feliz en mi nuevo empleo?
- Alerta permanente: Tras lo vivido, el sistema de alerta se mantiene encendido. Es una respuesta similar al estrés postraumático: tu amígdala se activa buscando amenazas en señales neutras, como un gesto serio del jefe o un email un viernes por la tarde.
- La herida en la autoeficacia: El acoso hace que dudes de tus capacidades, incluso de aquellas en las que antes brillabas. Esta inseguridad trasciende lo laboral y termina afectando a todas las facetas de tu vida personal.
- La trampa de la aprobación constante: Has pasado de ser alguien autónomo a necesitar confirmación externa para calmar tu sistema nervioso. Es un círculo vicioso: si esa aprobación falta un solo día, el malestar del pasado regresa con fuerza.
5 Pasos para superar las secuelas del Mobbing
- Valida tu proceso: No eres «débil»; estás reaccionando de forma natural a un entorno que fue tóxico.
- Diferencia el pasado del presente: Realiza ejercicios prácticos para separar a la «figura acosadora» de tu equipo actual.
- De la aprobación externa a la interna: Aprende a confiar de nuevo en tu propio criterio técnico.
- Gestión de la ansiedad en la oficina: Aplica técnicas de respiración o grounding ante el miedo al error.
- Pide ayuda profesional: Si la sintomatología (llanto, insomnio, rumiación) persiste, es el momento de iniciar una terapia especializada.
Haber vivido una mala experiencia no significa que todas las empresas sean iguales. Aquellas que no cuidan a su equipo terminan perdiendo su mayor activo o viendo cómo sus plantillas se hunden en bajas laborales. Mientras tanto, existen empresas que sí valoran el capital humano y están esperando a alguien con tus capacidades.
Si buscas apoyo para superar las secuelas del acoso laboral y necesitas un psicólogo en Gijón, soy Nacho Maquinay. ¿Me dejas ayudarte?