Este es, sin duda, uno de los temas que más angustia genera de cara a un examen importante. Ya sea que estés preparando una oposición para el Ayuntamiento de Gijón, para el Principado de Asturias, o estés a un mes de presentarte a la PAU, el miedo es el mismo. Si ya has vivido la experiencia de quedarte «en blanco» —esa sensación de no saber ni escribir tu propio nombre—, es normal que temas volver a bloquearte en un momento tan decisivo.
Lo primero que quiero recordarte es que nunca existe una situación de «todo o nada» y que siempre hay segundas oportunidades. Te digo esto para que afrontes el momento desde la búsqueda de calma y no desde el incremento de la ansiedad y la frustración.
En psicología, este fenómeno se conoce como «parálisis por hiperactividad de la amígdala». Se produce porque el cerebro detecta un nivel de amenaza tan alto que «desconecta» la corteza prefrontal (la zona encargada del razonamiento y la memoria) para centrarse únicamente en la supervivencia. Como siempre comento en mi consulta psicológica en la calle la Merced: “La ansiedad nos ayuda a escapar del tigre cuando estamos en la selva; el problema es que, en la sociedad actual, no hay tigre”.
1. La ciencia detrás del «quedarse en blanco»
No es que hayas olvidado lo que estudiaste durante horas en cualquiera de las bibliotecas de Gijón; es que el «archivo» está bloqueado temporalmente. Cuando la ansiedad sube demasiado, el cuerpo libera un exceso de cortisol y adrenalina. Estas sustancias, en dosis altas, bloquean los receptores del hipocampo (donde guardas los temas).
Tu cerebro entra en «modo pánico» y prioriza huir del aula antes que recordar un artículo determinado del Estatuto del Empleado Público. La buena noticia es que, aunque el bloqueo sea involuntario, tú tienes la capacidad de recomponerte. Al hacerte consciente de que es algo puntual, puedes actuar para salvar la situación.
2. Qué hacer en los primeros 60 segundos del bloqueo
Si recibes el examen y sientes que el vacío se apodera de ti, sigue este protocolo de emergencia:
- Acepta el síntoma: Di para tus adentros: «Estoy teniendo un pico de ansiedad, es normal y pasará en unos minutos». Luchar contra el bloqueo solo genera más cortisol. Sobreponerte a los pensamientos catastróficos es la clave; entiende que los pensamientos son solo eso, pensamientos, no realidades. Tira de “freno de mano” y pasa al siguiente punto.
- La técnica del «Anclaje Sensorial» (5-4-3-2-1): Para bajar al cerebro del modo pánico al modo racional, utiliza tus sentidos: mira 5 cosas de la clase, toca 4 texturas (tu ropa, la mesa), escucha 3 sonidos, huele 2 cosas y siente 1 sabor. Esto te saca del bucle mental y te devuelve a la realidad física presente.
- Respiración de Caja: Inhala durante 4 segundos, mantén el aire 4, exhala en 4 y mantén el vacío otros 4. Esto envía una señal química al cerebro de que «no hay un tigre en la habitación». Es lo más parecido a un bostezo; el cuerpo entiende que, si hubiera un peligro real, sería imposible bostezar. Así, el sistema nervioso parasimpático toma el mando para relajarte. Como psicólogo en Gijón, siempre recomiendo practicar esta técnica antes del examen para que sea realmente eficiente.
3. Recuperando el acceso a la memoria
Una vez que hemos conseguido bajar revoluciones y que el corazón se ralentice:
- Empieza por lo «ridículo»: Escribe tu nombre, la fecha y el título del examen. Si puedes, haz un pequeño esquema o unas líneas del tema que te toque desarrollar. Ver letras escritas por ti rompe la barrera del «folio vacío». Cada pequeño avance reduce el bloqueo para futuras ocasiones.
- Busca la «isla de seguridad»: No intentes responder la primera pregunta si no la sabes. Busca la más fácil, aquella que podrías responder casi dormido. Al empezar a escribir sobre ella, los canales de la memoria se irán abriendo para el resto del examen. Irás ganando confianza y la información empezará a fluir.
Soy Nacho Maquinay, psicólogo en Gijón, ¿Me dejar ayudarte?